Quien se atrevió hacer esto

El silencio en el gran salón duró apenas un instante tras el impacto. El joven yacía en el suelo, sujetándose la mandíbula con la mirada perdida por el golpe, mientras los murmullos de los invitados comenzaban a elevarse como una marea contenida. Las miradas transitaban entre la vergüenza, el escándalo y el miedo.

​El hombre de traje gris, con la respiración agitada y los puños aún temblando por la furia, volvió a envolver a la joven entre sus brazos. Ella sollozaba contra su pecho, escondiendo el rostro magullado del escrutinio de la multitud. La tela blanca del vestido de novia se arrugaba bajo la presión protectora de las manos de su padre, quien juró en silencio que jamás permitiría que nadie volviera a lastimarla.

​En el suelo, el joven en traje azul logró reincorporarse con lentitud. Limpió un rastro de sangre en la comisura de sus labios y sonrió con arrogancia, tratando de sostener la fachada ante los presentes. Sin embargo, al erguirse por completo, notó que las miradas a su alrededor ya no eran de subordinación o respeto, sino de absoluto repudio. Los invitados comenzaron a dar la vuelta paulatinamente, dándole la espalda.

​Un oficial de policía, que aguardaba junto a la entrada tras haber recibido una llamada previa, avanzó a paso firme por el pasillo central. Sin dar espacio a explicaciones ni excusas, le colocó las esposas al joven arrogante.

​La joven alzó la mirada, secándose las lágrimas con la ayuda de su padre. Al ver cómo se llevaban detenido al hombre que pretendía someterla, dejó escapar un suspiro de alivio. La pesadilla no terminaba de inmediato, pero el primer paso hacia su libertad finalmente se había dado.

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