Oye esta reflexión te tocara el corazón.
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Transcripción del Video
Fernando:
— ¡Tira esa caña de pescar a la basura, mujer! Este río no tiene vida.
Narrador:
Gritó el dueño del rancho mientras señalaba el lago que estaba detrás de la casa principal. Aquel hombre se llamaba Fernando, un hacendado de 35 años que había perdido toda la producción de peces después de que una contaminación química destruyera el lago.
Sin embargo, cada madrugada aparecía una mujer llamada Consuelo. Llegaba en silencio, tomaba una vieja lancha, lanzaba su red y permanecía allí durante horas, aunque todos aseguraban que era una pérdida de tiempo.
Fernando incluso prohibió que los trabajadores le prestaran remos o linternas. Nadie quería ayudarla por miedo a perder su empleo. Aun así, Consuelo seguía llegando todos los días con la misma fe.
Cansado de verla insistir, Fernando decidió humillarla delante de todos. Reunió a los peones en la orilla, le lanzó una red nueva y le dijo con tono burlón:

Fernando:
— Ya que tanto insistes, llena esa red antes de que salga el sol.
Narrador:
Consuelo lo miró con calma y respondió:
Consuelo:
— Usted mismo dijo que este lago está muerto.
Narrador:
Fernando contestó sin voltear a verla:
Fernando:
— Así es, todo el mundo lo sabe. La única que no lo entiende eres tú.
Narrador:
Los trabajadores comenzaron a reír. Consuelo subió a la lancha. Mientras el frío de la madrugada envolvía el lago, cerró los ojos y oró en voz baja:
Consuelo:
— Señor, no estoy aquí para demostrarle nada a nadie. Pero si es tu voluntad, glorifica tu nombre para que todos sepan que para ti no hay imposibles.
Narrador:
Lanzó la red y esperó. Pasaron apenas unos minutos cuando sintió que la cuerda se tensó con una fuerza increíble. Comenzó a jalar, y la red salió completamente llena de peces. Volvió a lanzar la red una, dos y tres veces más. La cantidad era tan grande que la lancha casi se hundía por el peso.
Cuando regresó a la orilla, esperaba escuchar nuevas burlas, pero encontró un profundo silencio. Los trabajadores tenían lágrimas en los ojos. Fernando también lloraba.
Consuelo:
— ¿Qué sucede? —preguntó Consuelo.
Narrador:
Fernando señaló el lago y dijo:
Fernando:
— Toma un poco de agua.
Narrador:
Consuelo recogió agua con sus manos y la probó. Estaba limpia. El biólogo que años atrás había declarado muerto aquel lago examinó nuevamente el agua y, sorprendido, dijo:
Biólogo:
— Esto es imposible. Este lago no tenía condiciones para sostener vida. Humanamente, nada de esto podía ocurrir.
Narrador:
Los trabajadores comenzaron a decir:
Trabajadores:
— Queremos conocer al Dios en quien tú crees.
Narrador:
Consuelo sonrió, levantó la mirada al cielo y respondió:
Consuelo:
— Toda la gloria es para Dios. Él sigue haciendo lo imposible para quienes confían en Él.
Narrador:
La Biblia dice en Lucas 1:37: «Porque nada hay imposible para Dios».
Cuando todos ven un final, Dios puede escribir un nuevo comienzo. La fe verdadera no depende de las circunstancias, sino de confiar en el poder del Señor. Él todavía transforma lo que parece perdido y hace posible lo que para el ser humano es imposible.
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